
La resección hepática implica la extirpación quirúrgica de una parte del hígado afectada por enfermedades como tumores hepáticos o quistes.
El trasplante hepático implica la extirpación del hígado enfermo o dañado y su reemplazo con un hígado sano de un donante compatible.
En casos de abscesos hepáticos, se puede realizar un procedimiento para drenar el pus acumulado en el hígado.

El pronóstico después de la cirugía de hígado puede variar según la afección tratada, la gravedad de la enfermedad y la respuesta individual del paciente al tratamiento. En general, se espera que la mayoría de los pacientes experimenten una mejora significativa en su salud y calidad de vida después de la cirugía. Sin embargo, el pronóstico puede verse afectado por la presencia de complicaciones y la salud general del paciente.